CAMINAR ENTRE NATURALEZA: DELTAS CATALANES

Disfrutar de la naturaleza es una de las aficiones más sencillas y “recargadoras de pilas” que tenemos. Hoy me apetece compartir qué siento cuando damos estos paseos renovadores e inspiradores. Hay unas excursiones que repetimos una y otra vez: las escapadas al Delta de l’Ebre y al Delta del Llobregat. Son unas excursiones sencillas en las que hablamos sin parar, desconectamos y hacemos un montón de fotos (todas distintas cada vez que vamos).

Izquierda: tengo_unclip. Derecha: @marccobler. Delta de l’Ebre, 09/2018

CONECTAR Y TOCAR

Para nosotros salir a hacer caminatas es la excusa perfecta para colgarnos las cámaras de fotos y disfrutar de sencillos, pero bonitos paisajes. A mí especialmente me encanta estar atenta a la vegetación. Me gusta observar cada pequeño matorral, cada corteza de árbol, cada florecita silvestre… Siento una inexplicable necesidad de tocar. Sin duda, existe una ley natural que induce a las personas a conectar con la naturaleza. Por supuesto, esta conexión se puede dar en diferentes contextos en función de las aficiones de cada uno/a: cuidar mascotas o plantas domésticas, bañarse en el mar, caminar por un sendero o montaña…

Izquierda y derecha: @marccobler. Delta de l’Ebre, 09/2018

RENOVACIÓN

No soy ninguna experta en el tema, pero está claro que la naturaleza siempre nos atrae. Para mí la naturaleza es terapéutica, me alivia el estrés y las preocupaciones. Me siento en paz cuando me siento cerca de la orilla del mar. Me siento vital cuando camino entre vegetación en la montaña. De hecho, hay varios libros que hablan de ello, por ejemplo: Shinrin-yoku de Yoshifumi Miyazaki. Significa literalmente: sumergirse en el bosque. Este libro habla sobre por qué nos sentimos bien rodeados de naturaleza.
Para mí la naturaleza es igual de excepcional en todas partes, desde un modesto camino rural hasta un majestuoso fiordo o un acantilado que da al mar. En los tres casos, la “recarga de pilas” que ejercen en mí, mi reacción e interacción con la naturaleza son exactamente las mismas.

Delta del Llobregat, 11/2017. Izquierda: @tengo_unclip. Derecha: @marccobler.

CAMINAR

Cuando empiezo a caminar olvido el reloj, de repente me encuentro caminando a un ritmo lento y sin prisas (poco habitual en mí). Desde bien pequeña tengo la manía de andar descalza y si me encuentro en la playa me siento reconfortada al poder ir sin calzado. Al sentarme, no puedo evitar jugar y dibujar formas con la arena con pies y manos.

@marccobler. Delta del Llobregat, 07/2017.

RESPIRAR

Si estamos ascendiendo por un sendero de montaña, la respiración se acelera y tomo más consciencia de ella. Padezco asma y ello me obliga a concentrarme en respirar bien: inspirar y exhalar. He aprendido a que ese proceso me de paz, como si estuviera en clase de yoga. Cuando hacemos un alto en el camino, simplemente me dedico a respirar mientras siento el viento o brisa. En ese momento, se me suele erizar la piel. Que curioso que es el viento, no se ve, pero se hace visible al mover ramas y hojas. Y se hace escuchar del mismo modo. Ahora te reirás, pero me parece algo casi místico. Siempre hemos sabido que existe, pero realmente solo puedes sentirlo cuando te toca la piel.

Izquierda: libélula. Derecha: caballo y esplugabous. @marccobler. Delta del Llobregat, 07/2017.

OBSERVAR

Me da mucha calma observar detenidamente lo que me rodea en estos paseos. Mirar las luces y sombras que se filtran entre las ramas de los árboles, a veces tan brillantes. Captar cómo van cambiando las tonalidades del cielo y vegetación a medida que avanzan las horas. Otro elemento que me parece hipnótico son las nubes. Verlas moverse y descubrir formas semejantes en ellas es una parada en seco del tiempo.

Izquierda: garza real. Derecha: buitrón. @marccobler. Delta del Llobregat, 07/2017.

ESCUCHAR 

Parece una tontería, pero mientras estamos sentados o estirados, a menudo cierro los ojos para escuchar mejor. Dicen que cuando cierras los ojos se agudizan el resto de sentidos. Definitivamente, creo que escucho mejor los pájaros, las hojas moverse o el movimiento de las olas del mar con los ojos cerrados.

Izquierda: @tengo_unclip. Delta de l’Ebre 08/2016. Derecha: Mosquitero común. @marccobler. Delta del Llobregat, 11/2017.

OLER

Todos apreciamos el olor a bosque, a hierba fresca o a mar. Yo tengo una disminución significativa del sentido del olfato y cuando me encuentro en plena naturaleza me llegan más aromas que estando en la ciudad con tanta contaminación. Así que, para mí poder oler (por poco que sea) es una pasada. ¡Lo valoro muchísimo!

Izquierda: @marccobler y derecha: @tengo_unclip. Delta de l’Ebre, 09/2018

CHARLAR

Es curioso pero, en este contexto de calma y envueltos de naturaleza, las conversaciones cotidianas y risas se vuelven más relajadas. Siempre que salimos a pasear, acabamos hablando de lo que realmente nos importa, de lo indispensable y esencial en nuestras vidas. Como si lo mundano y rutinario no importase en ese momento. 

Izquierda y derecha: @marccobler. Far del Fangar, Delta de l’Ebre, 09/2018

FOTOGRAFIAR

Me encanta hacer fotos y videos y hago un montón, pero también me encanta disfrutar del entorno y antes de ponerme a hacer fotos como una loca, me obligo a potenciar mi observación. Dicen que hoy en día, vemos el mundo a través de las pantallas de cámaras digitales y smartphones y, nos perdemos la observación pura en vivo. Creo que esta afirmación es una verdad como una casa. Así que, desde hace tiempo me obligo a disfrutar, observar y fotografiar por ese orden vayamos a donde vayamos.

Lo mejor de todo es que he comprobado en primera persona que cuando respeto ese orden soy más creativa, hago mejores fotos y soy más feliz. Siento que exprimo al detalle ese lugar o paisaje que observo y analizo minuciosamente. Con el paso del tiempo el recuerdo de ese lugar es más rico y me hace sentir afortunada de poder tenerlo tan al detalle en mi mente. 

Creo que la observación es uno de los grandes secretos de la fotografía y permite por ejemplo, saber componer un encuadre o seleccionar qué elemento debe ser el protagonista de una foto… La Fotografía de naturaleza es un tipo de fotografía muy rico. Es más, pienso que fotografiar naturaleza, en sí ya es una terapia “recargadora de energía”. Aprender a descubrir belleza en un paisaje, una rama o una orilla es algo que me llena. Algo que me alucina es sacar paletas de colores de las fotos que hago, tonalidades naturales que siempre han estado ahí y funcionan a la perfección. A menudo, saco combinaciones de color de esas fotos para mi trabajo en el estudio.

Como bien indica el título de este post, hay dos excursiones que son muy recurrentes para nosotros. Nos cargan las pilas, nos permiten desconectar y nos inspiran mucho: el Delta de l’Ebre y el Delta del Llobregat. Son dos deltas catalanes muy diferentes entre sí que, afortunadamente, no están muy lejos de casa.

@marccobler. Far del Fangar, Delta de l’Ebre, 09/2018

DELTA DE L’EBRE

Es un parque natural donde desemboca el río Ebro. Es el humedal más grande de Catalunya. Esta zona está catalogada como Reserva de la Biosfera por la Unesco y en este hábitat se pueden encontrar más de 300 especies ornitológicas. En este delta destaca: la observación de aves, los cultivos de arroz, la pesca tradicional, las salinas y sus playas.

Hemos estado unas cuantas veces y nos encanta pasear en bici y perdernos (literalmente) por los caminos que separan los arrozales. Escondernos detrás de los miradores de madera para descubrir diferentes aves. Caminar por la orilla más de una hora hasta llegar al faro del Fangar. En esta playa hay dunas que te hacen sentir en pleno desierto

Tenemos pendiente volver en primavera porque, además de que nos encanta, cada vez que vamos tenemos la mala suerte de ver los flamencos de lejos.

@tengo_unclip. Delta del Llobregat, 11/2017.

DELTA DEL LLOBREGAT

En este parque natural desemboca el río Llobregat. Es una zona mucho más pequeñita y sencilla donde hay numerosos caminitos que te muestran pequeños tesoros: miradores a los humedales, gran diversidad de fauna, diferentes playas totalmente libres de construcciones artificiales, pinedas y mucha vegetación autóctona salvaguardada.

Tener estos pequeños paraísos naturales cerca de las ciudades es un lujo y debemos de ser responsables de su uso y cuidado. 

¡Hasta pronto!

Cris.