SANTORINI EN 7 DÍAS

El mes pasado viajamos a Santorini, el archipiélago griego color azul y blanco de moda. La isla principal se llama Thera y está envuelta de un encanto especial que sin duda no deja a nadie indiferente. ¿Viajamos?

Hoy describo un itinerario de siete días en esta isla llena de luz y mar. Santorini está cargado de simbolismos y de rincones en los que perderse. Es un destino con mucho carácter y cuenta con un buen clima mediterraneo que lo vuelve altamente atractivo. Sin duda, cuando alguien piensa en Santorini, la primera imagen recurrente es la de sus características iglesias de blanco impoluto con cúpulas azules. Los pueblos más famosos están construidos directamente en la ladera, todo encaja como un puzzle imperfecto donde todo espacio es bien aprovechado. Pero la verdad es que esta estampa va un paso más allá, cuando poco a poco vas descubriendo su tradición y su historia.

El archipiélago de Santorini es un conjunto de islas volcánicas rodeadas por el mar Egeo. En el centro de estas islas se encuentra el volcán Nea Kameni. Leí que la última vez que entró en erupción fue en 1950. Además, Thera (la isla principal) está rodeada de unas formaciones rocosas de lo más caprichosas, las cuales también tienen su historia. Thera tiene forma de media luna y se cierra hacia el volcán en forma de caldera. Ofrece unas vistas espectaculares al volcán y unas puestas de sol realmente bonitas. 

Es un viaje perfecto para realizar en pareja, con amigos o en familia. Eso sí, se debe tener en cuenta que los dos pueblos más característicos están formados por mini callejuelas con muchos escalones. Esto dificulta mucho el movimiento con cochecitos de bebé y personas con alguna minusvalía.

Tanto en los pueblos como en las zonas de playa recomiendo llevar calzado cómodo y unas cangrejeras para las playas con piedras. Además, Santorini disfruta de un clima muy bueno pero es necesario llevar alguna prenda de abrigo para las noches más frescas, así como prendas de baño y verano.

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Oia, 2018. Dirección de arte @tengo_unclip. Fotografía: @marccobler

Thera es una isla pequeña y ofrece varias opciones de desplazamiento. La isla cuenta con diferentes autobuses pero esto limita considerablemente la libertad de movimiento. La clave en la isla es alquilar un vehículo. Antes de volar hacia allí valoramos las diferentes opciones: coche, moto y quad. Sin duda la mejor opción es el quad. Tiene un tamaño más reducido que el coche y permite aparcarlo en cualquier lugar (la isla recibe un gran número de turistas). A su vez, es más cómodo que una moto ya que hay muchos caminos de tierra para bajar a las playas y es más seguro. El alquiler nos resultó muy barato pero tuvimos que pagarlo en efectivo, así como cada uno de los repostajes de gasolina. Argumentaban que no recibían buena cobertura de internet y por eso debíamos pagar en cash. (La verdad no indagamos mucho en este asunto). 

¿Dónde hospedarse? Me atrevo a decir que cualquier pueblo de la isla es ideal para dormir. Se trata de una isla pequeña y moverse de un punto a otro con vehículo de alquiler es muy ágil. Es muy famoso hospedarse en Oia o Fira ya que son las que más servicios reúnen. Debido a que estos dos pueblos no tienen playa, la gran mayoría de hoteles disponen de piscina, algunos comunitaria tipo infinity pool y otros tamaño jacuzzi en la misma habitación, como fue nuestro caso.

El siguiente itinerario se divide por zonas y diferentes actividades turísticas. A medida que se va recorriendo la isla, se va observando el tipo de tierra árida de la que está formada. Aunque la vegetación no es muy frondosa ni verde, abundan los eucaliptos y viñas del famoso Vinosanto, típico de Santorini.

¡Despegamos!

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Fira, 2018. Dirección de arte @tengo_unclip. Fotografía: @marccobler

PRIMER DÍA: FIRA Y FIROSTEFANI

Fira es el pueblo principal de la isla y es donde decidimos hospedarnos nosotros. Aterrizamos en el Aeropuerto Internacional de Santorini sobre las 9h de la mañana. Allí mismo alquilamos nuestro quad (previamente reservado) y nos dirigimos hacia Fira que está a unos 8km del aeropuerto. Nos hospedamos en un hotel llamado Perla Nera del cual quedamos muy contentos.

Fira está lleno de zonas donde callejear y empezar a empaparse del pintoresco estilo griego. Paseando, te encuentras subiendo y bajando escaleras a partes iguales. A medida que avanzas callejuela tras callejuela vas descubriendo rincones con un encanto único: iglesias como la Assumption Virgin Mary Catholic Church (foto típica de Fira), un campanario con reloj como la iglesia Saint John the baptist y, un etcétera de tesoros religiosos combinados con edificaciones de hoteles pequeños, pero con encanto. Sus terrazas tienen unos colores mate preciosos y cuidan cada detalle con mobiliario sencillo y exquisito a la vez.

Llega la hora de comer y la oferta gastronómica es variadísima. Estando en Fira recomiendo probar su comida callejera tradicional: Souvlakis y Gyros (tipo dürums y Kebab). En la isla no se recomienda beber de ningún grifo, así que es necesario comprar agua embotellada en supermercados.

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Fira y Firostefani, 2018. Dirección de arte @tengo_unclip. Fotografía: @marccobler

En Fira se encuentra el puerto de Athinios, el principal puerto de la isla. Desde el puerto salen a diario barcos para visitar el volcán de la caldera. Se puede bajar andando por sus infinitas escaleras (si no me equivoco más de 600 escalones), mediante teleférico o a burro. Los paseos y traslados en burro son muy típicos allí y los animales van adornados. Aunque sé que son animales fuertes me impactó mucho ver cómo los “usaban” y me entristeció. Nos negamos a ir en burro, pero nos encantó poderlos acariciar y hacer alguna fotografía. 

Se puede disfrutar del atardecer en Fira para luego cenar en alguno de los restaurantes que dan a la caldera. A medida que se pone el sol, se va observando como cada terracita se va iluminando hasta quedar toda la ladera encendida frente a la oscuridad del mar. 

Firostefani es otra muy buena opción para pasar un atardecer tranquilo. Es un pueblecito a 2 km de Fira con casitas blancas y de colores más vivos que miran hacia la caldera. 

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Imerovigli, 2018. Dirección de arte @tengo_unclip. Fotografía: @marccobler

SEGUNDO DÍA: IMEROVIGLI

Imerovigli es otro pueblecito muy cerca de Fira con vistas muy parecidas a las de Firostefani. Dejarse llevar por la intuición entre sus escalones de subida y bajada para ir descubriendo pequeños tesoros, es una delicia. Como en el resto de la isla, la arquitectura no deja lugar a esquinas afiladas, todas están cuidadosamente contorneadas para obtener formas más orgánicas y curvas. 

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Skaros Rock, 2018. Dirección de arte @tengo_unclip. Fotografía: @marccobler

En este pueblo se encuentra el Hotel Grace. Un hotel muy atractivo con una bonita infinity pool que tiene como vistas a la Skaros rock. Se trata de una montaña rocosa que se adentra hacia el mar. Hay un sendero que permite llegar hasta allí y realmente vale mucho la pena. Una vez allí, se puede admirar la isla desde otro punto y se obtiene una vista a gran parte de la ladera. Nosotros fuimos al atardecer y el cielo y mar se bañaron de un color muy especial. 

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Oia, 2018. Dirección de arte @tengo_unclip. Fotografía: @marccobler

TERCER DÍA: OIA

Oia, sin duda la joya de la corona de la isla. Es el pueblo que queda más al norte y tiene unos acantilados espectaculares. Aquí todo está meticulosamente cuidado, lleno de una belleza sencilla que combina la tradicional arquitectura con un estilo de decoración actual.

La oferta hotelera y gastronómica es muy amplia, así como las tiendas de artesanía cuidadas al más mínimo detalle: cerámica, moda, joyería… La iglesia de Panagia es muy bonita y se puede admirar desde muchos ángulos. Pero sin duda, la foto más famosa de Oia son la de los Three Blue Domes. Donde más turistas se amontonan es cerca de estas bonitas cúpulas azules. Hay diferentes puntos de la ladera desde donde se puede fotografiar, simplemente hay que ir paseando hasta encontrar la mejor vista del mar, las cúpulas y las casitas que la rodean.

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Oia, 2018. Dirección de arte y fotografía @tengo_unclip.

Oia también tiene un pequeño puerto llamado Amoudi. Se puede bajar con vehículo pero hay que tener en cuenta que el aparcamiento es limitado. Una vez allí, encontramos un pintoresco muelle donde comer pescado fresco y a la brasa. Siguiendo el camino rodeando la orilla asfaltada se puede llegar hasta una roca donde hay unas escaleras para poder bañarse en el mar.

De vuelta hacia arriba, el mejor sitio para ver el atardecer es en las ruinas del Castillo de Oia. Tiene unas vistas magníficas a la ladera que muestra todas las edificaciones blancas y los molinos. El único inconveniente es que este Castillo es muy famoso y se llena de turistas en un abrir y cerrar de ojos.

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Megalochori, 2018. Dirección de arte @tengo_unclip. Fotografía: @marccobler

CUARTO DÍA: MEGALOCHORI Y PYRGOS

Megalochori es un pueblo donde se respira tranquilidad. Es un lugar cuidado y lleno de flores (y gatos) con mucha tradición. Allí vimos como las señoras mayores limpiaban las reliquias de la iglesia mientras canturreaban.  

En la entrada del pueblo hay una torre con reloj muy bonita. Más adelante, perdido entre sus callejuelas hay un campanario precioso con seis campanas sobre un arco por el cual pasan peatones y coches. Subiendo esa misma calle se puede ver una cúpula azul reluciente. 

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Megalochori y Pyrgos, 2018. Dirección de arte @tengo_unclip. Fotografía: @marccobler

En este pueblo hay mucha tradición vinícola. El Vinosanto es el más típico. Me llamó especialmente la atención que gran parte de sus viñas tienen forma de corona. El terreno de cultivo en la isla es limitado y cada viña debe de tener su propio espacio para poder dar fruto. Son tierras muy áridas y con herencia volcánica. Además, su clima es muy seco con vientos atemperados y poca agua. Por eso se les da una forma de corona o cesto entrelazando a los sarmientos para resguardar las uvas del viento y de la humedad.

Pyrgos es un pueblecito sencillo que se eleva sobre una pequeña colina y posee muchísimas iglesias. Entre sus calles estrechas puedes llegar a la parte más alta para admirar las vistas panorámicas que ofrece. Es típico ir subiendo a los terrados de las edificaciones e ir pasando de un lado a otro. Esto tiene su encanto pero se debe hacer con mucho cuidado ya que hay muchas zonas deterioradas y señales advirtiendo del peligro.

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Hotel Apanemo en Akrotiri, 2018. Dirección de arte @tengo_unclip. Fotografía: @marccobler

QUINTO DÍA: AKROTIRI

Al sur se encuentra Akrotiri y posee muchos sitios de interés. Por una parte, se encuentran las ruinas, lugar histórico de gran importancia para la isla. Estas ruinas pertenecen a un pueblo que quedó enterrado tras una erupción volcánica. Esta visita se puede complementar con el Museo Prehistórico.

Por otra parte, están sus playas. Las tres principales son la White beach, Black beach y Red beach. Sus nombres son literales, en cada playa destaca un color de tierra y arena diferente. Cerca de la Red beach hay una zona de tabernas típicas que dan directamente al mar. Comer unas sardinas, calamares y otros mariscos es casi obligado. Un hallazgo muy escondido de la zona fue una iglesia llamada Archangel Michael. Es una iglesia típica rodeada de viñedos muy sencilla.

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Akrotiri y Faro, 2018. Dirección de arte @tengo_unclip. Fotografía: @marccobler

El atardecer por la zona es bonito desde diferentes puntos, una buena opción es el Faro con sus acantilados. Tiene muy fácil acceso y permite hacer unas fotografías preciosas. Otra opción muy buena, es en algún hotel de la zona. Pudimos admirar la hora dorada desde el hotel Apanemo. Este hotel tiene una arquitectura típica magnífica y una infinity pool muy fotogénica.

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Playa Vlychada, 2018. Dirección de arte @tengo_unclip. Fotografía: @marccobler

SEXTO DÍA: PERISSA VLICHADA

Perissa tiene una playa larguísima de arena negra que se acaba uniendo con la siguiente, llamada Perivolos. La zona de Perissa es perfecta para pasar el día en remojo y comer en alguno de sus numerosos restaurantes decorados según temática. Allí comimos en un vegano llamado “Tranquilo” que nos encantó: fava, tzatziki, grilled cheese y falafel (para chuparse los dedos).

Otra playa de la zona que nos encantó es la Vlychada beach. Cuenta con una arena oscura y unas paredes con cavidades que la delimitan.

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Kamari, 2018. Dirección de arte @tengo_unclip. Fotografía: @marccobler

SEPTIMO DÍA: KAMARI

Esta zona es típica para pasar las vacaciones de verano: la playa oscura, los locales de ocio y sus diferentes actividades lo hacen posible. La playa finaliza a la falda de una montaña imponente que la protege. El pueblo es sencillo y huele a verano. Nos encantó el Bellonias villas hotel, tienen una piscina con zona relax y bar-cocktail muy cuidado. Además, comimos de fábula. Me enamoré de su ensalada típica con tomate, queso feta, aceitunas y pan duro empapado de aceite. ¡Una delicia!

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Monte Mesa Vouno, Kamari 2018. Dirección de arte @tengo_unclip. Fotografía: @marccobler

Si se está en Kamari o en Perissa, se puede hacer una excursión al Monte Mesa Vouno (se puede acceder desde ambos puntos). El camino desde Kamari hasta arriba está lleno de curvas (sin peligro ninguno) que vistas desde la cima son muy llamativas. Sin duda, lo más imponente son las panorámicas al llegar, puedes ver todo Kamari a un tamaño diminuto. Un poco más hacia arriba, se encuentra un recinto arqueológico llamado la Antigua Thera: restos de la cultura helenística, romana y bizantina.

Para acabar el día, el atardecer desde Mesa Vouno es un regalo.

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Oia, 2018. Fotografía: @marccobler

Santorini es un viaje que te regala fotografías preciosas y te empapa de detalles bonitos. Pero es importante mentalizarse que es un destino muy masificado. Teniendo esto presente es un lugar que no deja indiferente ya que posee mucho carácter. Lo mágico de la isla es cuando es ella la que te guía orientándote por sus callejuelas y caminos y te hace sentir que descubres cada uno de sus pequeños tesoros.

¡Hasta el próximo jueves!

Cris.